El orden de trabajo en Fenceyourfaceoff no cambia según el nivel del alumno ni el tamaño del proyecto. Cada etapa deja un documento verificable, y solo se pasa a la siguiente cuando ese documento está cerrado. Aquí se explica qué se entrega en cada paso y qué se espera de quien participa.
Se revisa qué necesita representarse: una pieza, un conjunto, una estructura ligera o una secuencia de montaje. En esta conversación se fijan escala de trabajo, formato de entrega y nivel de detalle. Si el encargo no encaja en el taller técnico ni en el laboratorio 3D, se dice antes de empezar.
Antes de tocar el ordenador se trabaja a mano: plantas, alzados y croquis de proporciones. Es la etapa donde se detectan incoherencias de escala y donde se decide qué vistas hacen falta. Los bocetos se conservan porque suelen guardar información que el modelo posterior tiende a esconder.
El modelo tridimensional se construye sobre los bocetos aprobados. Se generan vistas, cortes y cotas con criterio normalizado, y se revisa que la simbología sea legible para terceros. Aquí se concentra la mayor parte del trabajo gráfico y también la mayor parte de las correcciones.
Se contrasta el resultado con el encuadre inicial: escala, proporciones, uniones y apoyos. Los ajustes se documentan para que quede rastro de qué cambió y por qué. Si aparece una decisión que afecta al conjunto, se consulta antes de rehacer planos completos.
El material final se entrega en los formatos acordados y se incorpora al archivo de planos y a la galería de proyectos cuando corresponde. El archivo queda accesible para consultas posteriores, siempre que el encargo lo permita.
Si quieres ver el catálogo completo de talleres y laboratorios antes de empezar, revisa las áreas de trabajo. Para entender cómo se organizan los niveles y los tiempos, pasa por la estructura de formación.
Cada nivel avanza sobre el anterior y deja entregables concretos: croquis acotados, planos de planta, esquemas de estructura y un modelo tridimensional. La secuencia no es rígida, pero sí tiene un orden recomendado para no arrastrar errores de escala o de lógica espacial hasta el final.
Los tiempos que aparecen abajo son orientativos y se ajustan según el punto de partida de cada persona. Quien ya dibuja a mano suele comprimir las primeras semanas; quien llega desde cero necesita más práctica gráfica antes de pasar al laboratorio 3D.
Se trabaja con regla, escuadra y compás sobre papel antes de tocar cualquier programa. El objetivo es entender qué significa una escala 1:50 y por qué una cota mal leída arruina todo el plano. Los ejercicios son cortos y repetitivos: plantas simples, alzados de un solo volumen, simbología básica.
Aquí se pasa del trazo medido al croquis a mano alzada. Se practica la proporción entre luz, canto y separación de nudos en estructuras ligeras, y se comparan tres esquemas de celosía con la misma luz. Es la etapa donde más se corrige: la mano tiende a exagerar alturas y a olvidar los apoyos.
Se elaboran planos completos con ejes, cotas parciales y totales, grosores de línea y leyenda. La revisión se hace con una lista de comprobación antes de dar un plano por válido. También se introduce la lectura ordenada: escala y orientación primero, estructura portante después, acabados al final.
El boceto y el plano se traducen a un modelo tridimensional. No es una simple conversión: cambian las prioridades y aparecen decisiones que el croquis no obligaba a tomar. Se fija escala, materiales y nivel de detalle, y se aprende qué información conviene conservar del dibujo a mano.
Cierre del recorrido con un proyecto de representación propio. El trabajo se documenta, se archiva con nomenclatura clara y se expone en la galería junto al resto de entregas. Es el momento de revisar el conjunto y detectar qué hábito gráfico conviene corregir en el siguiente nivel.
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